terça-feira, fevereiro 19, 2008

FIDEL SE DESPEDE DO PODER - UMA DATA HISTÓRICA

Comentário Moisés Basílio: Hoje é um daqueles dias que condensam um tempo histórico.




















Fonte: Granma Internacional Digital - ww.granma.cu/espanol/2008/texto.htmlVERSION SOLO TEXTOLa Habana. Cuba. Año 12. Martes 19 de Febrero de 2008.

Mensaje del Comandante en Jefe

Queridos compatriotas:

Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.

Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario.

Desempeñé el honroso cargo de Presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia. Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.

Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de Presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del Primer Vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva. El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de Ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del Partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.

Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.

Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo. Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance. Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación "no exenta de riesgos".

Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.

A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré- repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.

En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, Director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito. Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de Periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban. Hoy todo el país es una inmensa Universidad.

Párrafos seleccionados de la carta enviada a Randy el 17 de diciembre de 2007:

"Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna, requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.

"Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.

"Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final."

Carta del 8 de enero de 2008:

"...Soy decidido partidario del voto unido (un principio que preserva el mérito ignorado). Fue lo que nos permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único, tan solitario como a la vez tan solidario con Cuba. Respeto mucho aquel primer intento de construir el socialismo, gracias al cual pudimos continuar el camino escogido."

"Tenía muy presente que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz", reiteraba en aquella carta.

Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo.

Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo y sus misiones internacionalistas, llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución.

El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo.

No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título "Reflexiones del compañero Fidel" . Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso.

Gracias

Fidel Castro Ruz

18 de febrero de 2008

5 y 30 p.m.

segunda-feira, janeiro 14, 2008

ADEUS TABACO!

Comentário Moisés Basílio: Sou um fã da série "The Twilight Zone", A Zona do Crepúsculo, ou em tradução da TV brasileira: "Além da Imaginação". Esse episódio é um dos que mais gosto e hoje eu o coloco a disposição dos meus amigos. Esse episódio me ajudou a parar de fumar. Eu digo que há duas atitudes que devemos tomar quando queremos atingir um objetivo: 1.ª Definir o OBJETIVO (Não vou fumar); 2.ª Definir uma metodologia para atingir o OBJETIVO (Não colocar cigarro na boca). Hoje, quando público essa página, estou há 13 dias sem fumar. Vitória! Axé!

Além da Imaginação parte 1

http://br.youtube.com/watch?v=fB0Hw6cPFsQ

Além da Imaginação parte 2

http://br.youtube.com/watch?v=ovZzj2n1fkA&feature=related

Além da Imaginação parte 3

http://br.youtube.com/watch?v=mOj9eB76GDQ&feature=related

quinta-feira, janeiro 10, 2008

MEU POEMA DE ANO NOVO

COMENTÁRIO DE MOISÉS BASÍLIO: Final e início de ano é sempre aquele clima de troca de mensagens. A que mais me tocou foi a do meu amigo Zé Maurício, um belo poema do Carlos Drummond de Andrade. Axé!

RECEITA DE ANO NOVO (Carlos Drummond de Andrade)
Para você ganhar belíssimo Ano Novo
cor do arco-íris, ou da cor da sua paz,
Ano Novo sem comparação com todo o tempo já vivido
(mal vivido talvez ou sem sentido)
para você ganhar um ano
não apenas pintado de novo, remendado às carreiras,
mas novo nas sementinhas do vir-a-ser;
novo
até no coração das coisas menos percebidas
(a começar pelo seu interior)
novo, espontâneo, que de tão perfeito nem se nota,
mas com ele se come, se passeia,
se ama, se compreende, se trabalha,
você não precisa beber champanha ou qualquer outra birita,
não precisa expedir nem receber mensagens
(planta recebe mensagens?
passa telegramas?)


Não precisa
fazer lista de boas intenções
para arquivá-las na gaveta.
Não precisa chorar arrependido
pelas besteiras consumidas
nem parvamente acreditar
que por decreto de esperança
a partir de janeiro as coisas mudem
e seja tudo claridade, recompensa,
justiça entre os homens e as nações,
liberdade com cheiro e gosto de pão matinal,
direitos respeitados, começando
pelo direito augusto de viver.


Para ganhar um Ano Novo
que mereça este nome,
você, meu caro, tem de merecê-lo,
tem de fazê-lo novo, eu sei que não é fácil,
mas tente, experimente, consciente.
É dentro de você que o Ano Novo
cochila e espera desde sempre.

quinta-feira, janeiro 03, 2008

FÉ E POLÍTICA II

Comentários Moisés Basílio: A polêmica continua. Bom artigo do Luis Alberto analisando e refletindo sobre as relações entre fé e política a partir do último episódio envolvendo o bispo Cappio.

Fonte: site Agência Carta Maior - www.agenciacartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=3799

“Dai a César o que é de César...”

Vivemos numa sociedade pluralista onde a religião não deveria trazer soluções, mas exigências e questionamentos. Num país que já viveu vários messianismos, há sempre a tentação de criar mais um.

(Desenvolvendo idéias de texto anterior, Fé e política)

Num antigo texto escrito em 1965, Os cristãos e as instituições sociais, publicado no primeiro número da Revista ecumênica Paz e Terra, eu já discutia os limites e as articulações da Fé e da política. Punha lado a lado dois textos desafiadores. Um de Cícero: “Nunca nossos antepassados foram mais sábios nem mais bem inspirados do que quando decidiram que as mesmas pessoas presidiriam a religião e governariam a república”. Rousseau, no Contrato Social, voltou ao tema lamentando o desvio do cristianismo a esse respeito: “Jesus quis estabelecer na terra um reino espiritual. Com isso, separando o sistema teológico do sistema político, fez com que o estado deixasse de ser uno e provocou divisões internas que nunca cessaram de agitar os povos cristãos. Originou-se, nesse duplo poder, um perpétuo conflito de jurisdições, que tornou impossível uma boa política nos estados cristãos. Nunca se chegou a saber com certeza a quem obedecer, se ao senhor ou ao sacerdote” (IV-18).

Porém, em direção contrária, Jesus distinguira entre Deus e César e os primeiros Padres da Igreja sabiam bem disso, como o jesuíta Hugo Rahner mostrou com farta documentação. Mas a conversão do imperador Constantino voltou a trazer a confusão e o conflito entre os dois poderes, de César ou dos patriarcas, do ocidente ou aqueles do oriente. Veio a tentação teocrática, e os tempos do cesaro-papismo. Dante Aliguieri, fino teólogo, diria na Divina Comédia: “Roma, que tornou o mundo melhor, tinha o hábito de possuir dois sóis para iluminar o caminho, um da terra e outro de Deus. Um apagou o outro; a espada reuniu-se ao báculo. Os dois juntos irão necessariamente mal; se estão unidos um não teme mais o outro” (Purgatório, XVI, 106-112). Foi o drama da reconquista ibérica e da conquista do novo mundo, a cruz abençoando a espada empapada de sangue. Tariq Ali o mostrou terrivelmente no notável romance Sombras da Romãzeira (Record 2007). Meu filho Fernando Ribeiro fez o contra-ponto entre a avidez dos espanhóis no Peru e a mescla de intolerância e de pluralismo na Espanha e no Brasil de hoje, em sua aventura pessoal, tendo a bebida sagrada dos incas, o ayauasca, como fio condutor em ambos os casos (Os incas. As plantas de poder e um tribunal espanhol, Mauad, 2005).

Vivemos na América Latina, por muito tempo, o padroado, a união da Igreja e do Estado. Graças à modernidade, esse equívoco foi sendo superado, com a resistência de bom número de católicos, habituados a serem de uma religião oficial. Até hoje, na Argentina, os presidentes, para alegria de muitos, juram “sobre los santos evangelios”, inclusive Menen, nada cristão e agora Cristina. Quantos acham bom ter um crucifixo nos tribunais e, em alguns países, nas escolas públicas. E querem impor para toda a sociedade suas opções religiosas sobre o matrimônio, a sexualidade, a reprodução e o uso das células-tronco, inclusive num momento em que esses temas estão sendo revistos dentro das Igrejas Cristãs, aí incluída a Igreja Católica. No Brasil, o positivismo republicano obrigou os católicos a aceitar a separação com o estado. Deus escreve direito por linhas travessas...

No Equador houve um presidente, Garcia Moreno, que tentou voltar à teocracia, propondo que só os batizados fossem cidadãos e votassem. Um liberal o assassinou e abriu-se em Roma um processo de canonização, que não foi adiante. Na América Latina, os católicos eram conservadores e os liberais, anti-clericais. Divisão profunda no México, onde os católicos foram derrotados com o imperador marionete, o austríaco e loiro Maximiliano, pelo mestiço e anti-religioso Benito Juarez. A revolução mexicana, especialmente com Plutarco Elias Calles, combateria os católicos e destes saíram os “cristeros”, que lutavam aos gritos de “Viva Cristo Rei”. Pio XI, naqueles anos, instituíra a festa de Cristo Rei, para opor-se aos totalitarismos alemão e italiano, que tudo reduziam ao estado, mas criou uma bandeira política do outro lado, usada por Franco em sua terrível e anti-evangélica “cruzada” espanhola. Os carlistas, ali, matavam também aos gritos de “Viva Cristo Rei”, inclusive contra o presidente católico Aguirre, do país vasco e tantos padres e leigos católicos anti-franquistas assassinados naquela região. George Bernanos (Les grands cimetières sous la lune) e François Mauriac, se insurgiram contra isso e Jacques Maritain escreveu seu Humanismo Integral, tentando superar a velha cristandade. Porém o fez parcialmente, já que falaria de “Nova Cristandade”, bandeira dos democrata-cristãos dos anos seguintes.

O Chile foi um caso interessante. A juventude conservadora, com Bernardo Leighton e Frei Montalva, rompeu com o partido oligárquico e criou a Falange, depois PDC, mas mantendo, em novas bases não reacionárias, as velhas posturas de uma política cristã. E mesmo mais tarde, outras rupturas, a Esquerda Cristã e os Cristãos para o Socialismo, continuaram a unir sem distinguir, fé cristã e opção política. O caso curioso e oposto foi o do teórico do PDC, Jaime Castillo Velasco, que se considerava agnóstico em religião, mas cristão em ideologia. Num debate com outro pedecista de posições semelhantes, declarei: “Porque sou cristão pela Fé, não posso ser cristão por ideologia, o que seria empequenecer a Fé e confundir a opção política”. Mas ali, em 1964, o jesuíta belga Roger Wekemans, eminência parda de Frei Montalva, então candidato a presidente, chegou a escrever um artigo sobre a revolução na América Latina, na revista Mensaje, em que deduzia da fé uma doutrina, desta uma ética e da última uma política, para chegar a um programa. Caricaturando um pouco, é como se dissesse: há uma linha reta de Cristo a votar Frei para presidente. Poucas vezes a simplificação fé-política foi mais explícita. Seu compromisso político concreto levou Vekemans a fugir temeroso do Chile, em 1970, no dia seguinte da vitória de Salvador Allende (é verdade que havia em jogo elementos menos teóricos, tais como dinheiros de origem duvidosa).

No Brasil, felizmente, não tivemos um partido católico, como queria Jackson de Figueiredo em 1922, ao que se opôs o poderoso cardeal Leme. O pequeno PDC que existiu uns anos depois, não chegou a ter a importância daqueles do Chile ou da Venezuela. Mas conste que a posição de D. Leme era de ficar num diálogo entre dois poderes, ao velho estilo. O primeiro Getúlio, astuto, que teve um filho significativamente chamado Lutero, manteve esse contato de dois poderes, o Estado Novo e a forte Igreja Católica. Com isso nunca quis criar problemas com a Igreja e cedeu muitas coisas a ela, inclusive não instituindo o divórcio permanente (houve sim, um divórcio por umas horas, para favorecer o filho Lutero e um compadre estancieiro gaúcho).

Os tempos da ditadura militar introduziram um elemento histórico que modificou o panorama. Aliás, as reflexões teóricas sempre têm de levar em conta conjunturas especiais e abrir-se a situações particulares, que podem trazer modificações temporárias. Nesse momento, os partidos se reduziram a caricaturas, os sindicatos perderam uma autonomia que tinham ganho pouco antes, os movimentos sociais foram desarticulados. No espaço social ficou a Igreja, como “a voz dos sem voz”. FHC, falando aos jovens do MDB de Porto Alegre, naqueles tempos, teve uma boutade com algum fundo de razão: “No Brasil só há um verdadeiro partido político, a Igreja Católica”. E ela valentemente denunciou os atentados contra os direitos humanos, a repressão e a tortura. D. Cândido Padim mostrou a dimensão anti-evangélica da doutrina da segurança nacional do general Golbery. Aí estava no seu papel de consciência ética de uma sociedade espezinhada e amordaçada, o que foi um momento de testemunho e de profecia, como o fizeram cristãos antes, na resistência popular durante a segunda guerra mundial. Só que outra parte da Igreja dialogava com desembaraço com os militares. Mas quando veio a redemocratização, voltaram os partidos, os sindicatos e os movimentos. Alguns cristãos chegaram a ter nostalgia do tempo em que estavam sós na oposição. Uns analistas apressados, com as velhas categorias da relação fé-política, vaticinaram o declínio da Igreja nessa nova fase. A partir das pastorais sociais, como uma de suas correntes fundantes, entre outras, nasceu o Partido dos Trabalhadores, mas que nunca e nem de longe se considerou um partido cristão. De setores da Comissão da Pastoral da Terra (CPT) no sul, e de uma paróquia de Ronda Alta, germinaram sementes do futuro e o mais importante movimento social do país, o Movimento Rural dos Trabalhadores Sem Terra (MST), que cresceu laico e não confessional (na sua “mística”, entretanto, guarda curiosamente sinais de religião secular). Lembro que alguns, na CPT, bem no princípio, em casos que acompanhei de perto, não acolheram bem esse desdobramento, vendo-o não como uma complementaridade secular, mas como um rival potencial. Felizmente não tivemos sindicatos cristãos, como na França ou na Itália. O processo de secularização, depois da ditadura, se deu quase naturalmente, de maneira pouco conflitante. E a Igreja, desapareceu? Ao contrário. Não refluiu para o espiritual, o que seria uma maneira falsa de colocar o problema (espiritual versus temporal), mas de seu lugar social, seguiu dando luzes para opções sociais e políticas dos cristãos, que tiveram de usar outras mediações nas suas opções temporais concretas. Voltarei a isso mais adiante.

É pelo menos incrível ver posições diferentes em países da América Latina. No Chile, durante a terrível ditadura, parte significativa do episcopado criou a Vicaria da Solidariedade e a Igreja foi um espaço de refúgio e de denúncia. Na Argentina, a situação, ao contrário, foi grave e escandalosa. Ali, o núncio, mais tarde importante cardeal da cúria romana, era companheiro de esportes do almirante Massera, da Junta Militar; capelães militares acompanhavam as torturas (um foi julgado recentemente). Porém um bispo, Angelelli, foi assassinado, duas freiras francesas também e alguns poucos bispos permaneceram valentes e ousados. Uma mesma Igreja Católica em tantas posições diferentes.

O surgimento da Teologia da Libertação
É hora, aqui, de introduzir algumas reflexões. Nos anos sessenta, surgiu na América Latina, a Teologia da Libertação, que não era uma opção política, como disseram alguns analistas apressados ou mal informados. Na concepção de um de seus fundadores, Gustavo Gutiérrez e também de Ronaldo Muñoz, de Jon Sobrino ou de Leonardo Boff, que veio logo no início, ela era antes de tudo uma nova maneira de fazer teologia, articulando – não confundindo - Fé e vida, “uma palavra coerente com uma prática” (Gutiérrez). Isso foi também visto claramente por outro teólogo dessa corrente, com idéias originais, Juan Luís Segundo, vindo de um Uruguai secularizado. Não era uma ideologia política, mas uma reflexão sobre a Fé iluminando vivências, numa Igreja que nascia do povo pela ação do Espírito, como proclamado nos primeiros inter-eclesiais das CEBs brasileiras. A relação entre palavra e prática exigia mediações sócio-analíticas. Isso estava claro no livro Teologia da Libertação de Gutiérrez e nas reflexões seguintes de Clodovis Boff.

Em texto anterior, indiquei como o pensamento personalista-comunitário de Emmanuel Mounier teve uma influência decisiva em minha geração, indo além da filosofia de Jacques Maritain. Nos anos sessenta, sua influência nos levou, na Juventude Universitária Católica (JUC), movimento oficial da Igreja, a criar, para fazer política, um movimento não confessional, laico e pluralista, a Ação Popula (AP), socialista democrático, alguns de nós mantendo pessoalmente o espaço eclesial, indispensável para um bom discernimento evangélico. Gustavo Gutiérrez viu na JUC de 1960, as sementes da posterior Teologia da Libertação do final daquela década. Esse processo não foi fácil, com velhos hábitos de opções não-binárias: vários companheiros abandonaram a Fé e ficaram somente com a política, que chegou a adquirir um caráter semi-religioso, especialmente na fase maoísta da AP. E os cristãos foram sendo obrigados a deixar o movimento ou a renegar publicamente sua Fé.

Na Europa, nos anos trinta, a Igreja vivera tentações ao lado dos setores conservadores, mas a luta clandestina contra nazismo e fascismos na década seguinte, levara muitos cristãos a opções heróicas e à morte. Porém, ao mesmo tempo, seguia o compromisso de parte da hierarquia com as direitas. Pio XI tinha chamado Mussolini de “uomo della provvidenza”. Sem falar na implacável cruzada na Espanha (o atual papa, num ato que não pode deixar de ter conotações políticas e reabrir feridas, acaba de beatificar dezenas de cristãos mortos do lado franquista).

O general de Gaulle, chegando ao poder na libertação da França, pediu a Roma a destituição de boa parte do episcopado, simpatizante do governo títere do marechal Pétain em Vichy. Só a habilidade do núncio Angelo Roncalli (futuro João XXIII), reduziu o afastamento a dois ou três. Porém no pós-45 europeu, um anti-comunismo temeroso trouxe de volta a tentação dos partidos cristãos. Mesmo os cristãos chamados progressistas tiveram a mesma matriz dos posteriores cristãos para o socialismo na América Latina: o cristianismo como ideologia. Foi quando, entre 1945 e 1950, ano de sua morte, veio o alerta de Mounier: ele não era socialista porque cristão, mas um cristão que, à luz do Evangelho, com a mediação dos instrumentos próprios das ciências sociais e políticas e das exigências da técnica, tomava uma opção socialista. Inclusive aceitando que outros cristãos, a partir de análises nesses planos autônomos, tomassem outras posições, mesmo de direita, desde que, para essa decisão, não quisessem apropriar-se indevidamente da Fé.

A modernidade, como indicado atrás, trouxe a diferenças dos espaços, o religioso, o social, o cultural, o político e o técnico. Tenho dito em escritos que o povo nem sempre faz essas distinções e vive unidas, no dia-a-dia, a religião e suas lutas sociais; reza nos sindicatos e prepara ações políticas nas pastorais. Mas compete aos agentes de pastoral tomar cuidado e introduzir uma reflexão séria, em nome da Fé e da especificidade e autonomia dos vários planos da realidade. Eles se entrelaçam, se articulam, mas não se confundem, como nos tempos pré-modernos. O pluralismo e o campo aberto da liberdade e da democracia obrigam a tomar cuidados e a não mascarar com a Fé decisões que vêm de outros planos. Vale notar que, no Brasil, não há relação exclusiva entre pastorais sociais e CEBs com o PT. Pesquisas de Pedro Ribeiro de Oliveira, durante os inter-eclesiais das CEBs, mostraram os membros destas afiliados a vários partidos. Claro que uma maioria estava ligada ao PT, por afinidades naturais e inelutáveis, mas até o PFL esteve presente (e agora poderíamos introduzir o PSOL e o PSTU).

Alguém que leu um texto anterior que escrevi, concluiu em comentário em Carta Maior, que minha posição era igual à dos governos militares: cristão nas sacristias. Nada disso. Cristãos nas lutas sociais e no combate à pobreza e à exclusão, não como donos da verdade ou com receitas prontas tiradas de uma doutrina cristã. Para julgar tecnicamente um projeto de uma hidrelétrica ou a transposição de um rio, um engenheiro da Coppe ou de algum centro de pesquisa, têm melhores instrumentos de análise do que um militante de pastoral ou um bispo. Estes têm de defender os direitos dos oprimidos, lembrar falhas éticas e sociais dos projetos, denunciando visões tecnocráticas, mas não deveriam tomar decisões inflexíveis e absolutas sobre temas muito complexos. Nem usar seu poder religioso ou sua visibilidade simbólica para impor decisões que precisam ser discutidas seriamente pela sociedade nos seus elementos seculares, éticos, políticos e técnicos.

Faz alguns anos, houve um forte debate sobre o tema de Fé e política: de vários autores, Cristãos: como fazer política (coleção Fazer, Vozes, 1987). Diante de uma proposta para que os cristãos fizessem coletivamente uma opção política, vários nos posicionamos contra. Na ocasião escrevi: “Se o processo de secularização fez descobrir a consistência própria dos processos históricos e com isso ajudou a afastar a tentação de ver o religioso como a base ideológica do político, agora, num tempo de profunda crise de civilização, a potencialidade transformadora do sagrado indica os limites dessa mesma secularização do mundo moderno e a imprescindibilidade do mistério e, no caso dos cristãos, da Fé em Jesus Cristo. Visto de outro ângulo, um processo de depuração e de autonomia do histórico, em lugar de esvaziar o sagrado, pelo contrário, o reforça em sua posição radical”. Lugar iluminador e questionador, de onde temos a obrigação de tomar partido, mas sem tirar da algibeira receitas cristãs.

Olhando o panorama internacional hoje, vemos que o problema da secularização e da abertura à modernidade (acompanhado ao mesmo tempo de uma crítica severa às duas), é bem menos conflitante no Brasil. Ataturk tentou modernizar à força a Turquia no começo do século XX, teve certo êxito nas classes média e alta das cidades, mas do campo vem hoje a reação islamista ( ver o notável romance Neve, do prêmio Nobel de 2006, Orhan Pamuk, publicado nesse mesmo ano). O xá do Irã também quis ocidentalizar à força, na submissão aos Estados Unidos, e vieram os ayatolás, para refazer um poder islâmico fundamentalista. Benazir Butto – corrupta ou não – tentou secularizar o Paquistão e foi assassinada. Nas fronteiras desse país com o Afeganistão, na velha rota da seda, os talibãs intolerantes e outros grupos fanáticos, estão dinamitando as maravilhosas estátuas de Buda esculpidas na rocha, num crime contra uma crença e contra a cultura universal. Guerras de religiões – entre xiitas e sunitas do mesmo Islã, com um passado de tolerância – ou religiões nas mãos de terroristas – Al Qaeda, sionistas ortodoxos, Bush/Cheney.

A globalização introduz contaminações sub-reptícias, o que nos obriga, inclusive no Brasil, a não resvalar na direção da moda fundamentalismo/integrismo, mesmo mitigado. Um analista instigante, Edward W. Said, pode servir-nos de guia: fiel a seu povo palestino e, até sua morte, totalmente imerso no mundo secular e moderno de Nova York (Ver Reflexões sobre o exílio, Companhia das Letras, 2003, Orientalismo – O Oriente como invenção do Ocidente e Cultura e imperialismo, mesma editora). Os místicos souberam superar os fundamentalismos asfixiantes. Assim o mussulmano andaluz do século XII, Ibn ‘Arabi, falava do “homem universal, que leva em si a semente de todos os seres e é capaz de abraçar toda a verdade”. João XXIII, núncio na Turquia, aberto ao Islã, irmão do povo hebreu, sonhando com a unidade dos cristãos, queria dialogar com “todas as pessoas de boa vontade”, independentemente de crenças e convocou um concílio para um aggiornamento, encontro ainda que tardio com o mundo moderno, no lado oposto dos integrismos. Mas nosso profeta Hélder Câmara, amigo do bom Papa João, disse uma vez, melancolicamente: “Constantino continua a viver dentro de nós”.

O sacerdote e teólogo italiano, Ernesto Balducci, escreveu um livro desafiante, L’uomo planetario (Camunia, Brescia, 1985). Ali diz no final: “Esta é minha profissão de fé, debaixo da forma da esperança. Quem ainda se declara ateu, ou marxista, ou laico e necessita de um cristão para completar a série de representantes no palco da cultura (ou na galeria das opções políticas, L.A.), não me procure. Sou apenas um homem”.

Uma vez dito isso, o cristão, que deveria ver no Evangelho uma instância iluminadora e a opção irrenunciável pelo pobre e pela justiça - nem todos assim o vêem - teria de passar a fazer julgamentos e opções políticas a partir da ética, de análises das ciências sociais e econômicas e de estudos técnicos. Para não alongar este texto, com o risco de simplificações, mas querendo desafiar para um debate franco e democrático, introduzo uns poucos pontos que levam alguns de nós, como cidadãos, a se posicionar, ao lado de outros com diferentes crenças ou sem elas. Vivemos numa sociedade pluralista onde a religião não deveria trazer soluções, mas exigências e questionamentos.

No meu caso, com Betinho e outros, ao voltar ao Brasil ao final dos anos setenta, optamos por não entrar em partidos políticos, porém trabalhar com movimentos sociais e, no caso dos cristãos, com pastorais e CEBs. Betinho, em artigo irretocável de agosto de 1994, exatamente três anos antes de sua morte, chamou tal posição de opção pela sociedade. Entro mais em detalhes no livro A utopia surgindo no meio de nós (Mauad, 2003). Sentíamos que não tínhamos diante de nós um processo revolucionário voluntarista descendo do poder político, mas uma longa e penosa construção da democracia e da justiça social, ao nível profundo de mutações sociais. Mas passei a ver claro também, que as políticas públicas de um governo, sempre convivendo com os limites de um possível aquém de um desejável, poderiam ser fundamentais para a construção da nação e de uma nova sociedade. O paradoxal, como tenho insistido várias vezes, foi que, alguns independentes sem partido, tivemos mais paciência e confiança no governo Lula, do que os que queriam logo transformações radicais a curto prazo. Vários petistas se desiludiram, esperando soluções drásticas vindas de cima. Com o que não conseguiram ver os ganhos crescentes e progressivos que o povo sente na pele, melhorias e transformações que se fazem diante de nossos olhos – sempre sujeitas, claro está, a críticas severas e a revisões (assim, a falta de uma real reforma agrária é um escândalo). Os resultados de políticas econômicas complexas e contraditórias (é só ver os indicadores positivos ao final de 2007) e de políticas sociais que incidem no quotidiano dos pobres aí estão, para quem deixa cair viseiras ou preconceitos abstratos e ideológicos. Esperamos que não haja retrocessos pela frente, num terceiro período governamental, onde Lula provavelmente será o grande eleitor. Mas não podemos assinar um cheque em branco. Pelo momento, vou apostando em Dilma Roussef, Patrus Ananias ou Tarso Genro.

Essa é uma opção que não fluiu diretamente da Fé, mas presumo, salvo engano, de uma presença atenta na sociedade. Pelo contrário, aqueles que ficam numa Fé sem mediações, tendem a opor-se a políticas concretas, em nome de exigências absolutizadas, sem raízes no real. Os fundamentalistas das diversas crenças, conservadores ou progressistas, ancorados somente nessas crenças, correm o risco de ter uma moral que vai se transformando em inflexível moralismo. No mundo católico, o fundamentalismo leva o nome de integrismo.

O mais grave é quando, no embate das paixões, se fala aqui e ali, que vivemos numa ditadura e se combate apaixonadamente o presidente, num clima neo-lacerdista. Para os que têm memória curta, isso foi feito violentamente pelo então chamado “corvo do Lavradio”, contra o último Vargas (50-54) e contra Juscelino (55-59), responsáveis como Lula, de diferentes maneiras e com limitações, pela construção de nossa nação. Também se acena com a alternativa de uma “democracia real”, virtual e futura, vaga e sem rosto. Para os que vivemos o período das verdadeiras ditaduras militares em nosso país, no Chile, no Bolívia ou na Argentina, essa conclusão sobre uma ditadura atual é intolerável e anti-histórica. Muito mais grave se feita em nome de um ato religioso que se petrifica numa recusa sem arestas. Num país que já viveu vários messianismos, há sempre a tentação de criar mais um, pelos sertões –como em Canudos- ou nas margens de algum rio... Então, uma crítica ética, técnica ou política, sempre necessárias, pode escorregar num perigoso plano inclinado de afirmações peremptórias e transformar-se, inconsciente e quase imperceptivelmente, numa bandeira política oculta no estandarte de uma fé confusamente político-religiosa, que pouco falta para virar uma cruzada.

Luis Alberto Gómez de Sousa, sociólogo e ex-funcionário das Nações Unidas, é diretor do Programa de Estudos Avançados em Ciência e Religião da Universidade Cândido Mendes.

FÉ E POLÍTICA I

Comentário Moisés Basílio: O jejum do Bispo D. Cappio abriu várias polêmicas no cenário nacional. Entre os cristãos, essa ação do bispo de Barras é um bom motivo para se retomar e por que não, renovar, a velha discussão entre Fé e Política. No polêmico artigo, Luís Alberto Gomes de Sousa, um sociólogo que sempre acompanhou as coisas da Igreja Católica bem de perto, faz um bela reflexão sobre esse momento que estamos vivendo.

Fonte: Agência Carta Maior - 22/12/07 - www.agenciacartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=3796

DEBATE ABERTO

Fé e política

É hora de um debate sério sobre categorias teológicas e políticas. Tenho a impressão que há muita política escondida atrás de uma declarada fé.

(Pensando em meus mestres H. C. Lima Vaz e Ernani Maria Fiori)

Emmanuel Mounier, mestre do personalismo comunitário, que marcou minha geração de JUC e de AP, Betinho e outros, em Feu la chretienté, 1950, pouco antes de morrer, tantos anos atrás, dizia que não se pode ser monarquista ou socialista porque cristão. Ele era um cristão que, com os instrumentos de análise social, fez uma opção socialista, não um socialista cristão, o que seria instrumentalizar a Fé e reduzi-la a uma ideologia e, além disso, não saber usar as categorias próprias das ciências sociais.

Fundamentalismo, em jargão cristão, é integrismo, um salto direto e no vazio entre a Fé e a opção política ou técnica. Respeitemos as distinções de níveis, grande aquisição da modernidade, diante das velhas ou novas cristandades. Podemos ver renascer entre nós os ayatolás, com as melhores das intenções. Creio que Dante dizia que estas forram o chão dos infernos (ou do purgatório?).

Optemos ou rejeitemos valentemente projetos políticos e técnicos, sem nos esconder nos pretextos da profecia, que é um gesto muito menos comum do que se pensa e seria uma arrogância querer aplicá-lo à ligeira. Muito menos o martírio. Já falei disso em texto anterior. Jung Mo Sung nos está ajudando a pensar.

Respeito muito Cappio e tenho enorme carinho por ele. Mas não deveria utilizar sua condição de bispo para uma posição destas. Faça-o como cidadão e ribeirinho apaixonado. E o côro de emocionalidades e lágrimas que se levantou, deveria pensar um pouco mais nas distinções da teologia e da política. Não abastardemos profecia e martírio. Ato político é ato político e não pode se esconder atrás de uma batina ou dos gestos dos novos “bien pensants”. Que falta faz Mounier!

Um dos apoiadores disse ontem que agora o governo resolveu dialogar! Que loucura, desde o começo Gilberto e outros, incansavelmente, estão tentando. Claro, com rigidezes e simplificações de um ministro do próprio governo. Mas seu trabalho paciente topou com a inflexibilidade de Cappio e de seus assessores. Agora, o médico e o irmão dizem que acabou e greve e os assessores dizem que não. Porque não se substituem a ele? É fácil empurrar o outro para a morte. Aliás, nos jejuns, em princípio, ninguém morre. Gandhi sempre parou um pouco antes, mas manteve sua aura.

E ao terminar este texto soube que Cappio interrompeu o jejum. Lula fez o que teria de ser feito. Como presidente apenas disse que o projeto segue. Gilberto Carvalho, grande amigo, como cristão, e com uma paciência invejável, tratou de mediar. O presidente não deve entrar nisso.

Uma profecia que se reduziria aos ribeirinhos, que não são os donos do rio e ao próprio rio, esqueceria todos os outros pobres nordestinos. Houve muitos debates técnicos e sempre um projeto pode ser melhorado, mas um governo não pode suspender tudo pelo gesto extremado de alguém, seja bispo ou não. A Justiça, por maioria, não viu argumentos técnicos sérios para parar o projeto. E o texto de Bernardo Kucinski, aí em Carta Maior, desmontou brilhantemente. um a um, os argumentos contrários ao projeto. Do ponto de vista teológico, Jung Mo Sung, em outras publicações mais de Igreja, também desocultou fundamentalismos ocultos.

É hora de um debate sério sobre categorias teológicas e políticas. Tenho a impressão que há muita política escondida atrás de uma declarada fé. Faz alguns anos, eu dizia que nos debates entre fé e política, tínhamos freqüentemente uma política com maiúsculas, instrumentalizadora e uma Fé com minúsculas. Em nome desta última, desconfio de certos movimentos que tendem para um certo integrismo, que não é propriedade da direita.

Terminando com Mounier, seu último e aceso debate foi com os católicos progressistas de seu tempo, um dos quais, que depois esteve em tantas posições, se chamava Garaudy. Há que ler seus textos publicados postumamente com o título: “As certezas difícieis” (Oeuvres, vol. 4, Seuil, Paris, 1963, pp.11-284). Ali ele dizia: “Quando um monge começa a se agitar, a Igreja se pergunta com angústia se ele será um Lutero ou um São Francisco de Assis. Mas se essa efervescência de fronteiras é eliminada, nos separamos talvez de Lutero e nos privamos de São Francisco” (139).

Num texto antigo, retomado neste livro: “... esta exigência (sair da tentação de uma ideologia e reflexos de esquerda ou de direita) nos dá um parentesco com os homens livres, especialmente este verdadeiro povo, talvez minoritário, aquele que não aceitou o sonho burguês e que dará sua alma à civilização que ele mantém por uma liberdade de coração, ainda que desajeitado em se exprimir. Será ele que salvará as forças da esquerda: o mais humilde serviço que nós poderíamos fazer, não seria renunciar à lucidez, mas unir nossa clarividência à sua generosidade, desembarassando-o e nos desembarassando das ideologias mortais” (pg.75). E o título de outro artigo é significativo: “Para um certo sangue frio espiritual” (107). Ali está aquela declaração que coloquei na introdução de uma das partes de meu último livro: “O cristão não abandona o pobre, o socialista não abandona o proletário, ou eles abjuram seu nome” (fevereiro de 1950, dias antes de sua morte). Vejam que ele não mistura cristão e socialista, sendo ele próprio as duas coisas.

Luis Alberto Gómez de Sousa, sociólogo e ex-funcionário das Nações Unidas, é diretor do Programa de Estudos Avançados em Ciência e Religião da Universidade Cândido Mendes.

terça-feira, novembro 20, 2007

PÁGINAS FELIZES DA NOSSA HISTÓRIA RECENTE

COMENTÁRIOS DE MOISÉS BASÍLIO: Como já escreveu uma vez Guimarães Rosa, todos nós temos nossa hora e nossa vez. Para minha vida de militante político, este tempo foi no ano de 1978, junto à Oposição Metalúrgica de São Paulo. Primeira imagem: Meados do ano de 1978, um noite qualquer, no bairro da Moóca, tive o primeiro contato com o pessoal da Oposição Metalúrgica numa reunião do apoio à greve da categoria, aliás menos reunião e mais preparativos para as ações de paralisar as fábricas. Eu participava de um grupo de jovens da Pastoral da Juventude, cursava o segundo ano do ensino médio - técnico mecânico, trabalhava num escritório e morava perto das fábricas do corredor da Vila Ema. E lá fomos nós, panfletar as portas de fábricas, organizar piquetes e garantir a greve em São Paulo, as greves que tiveram início no ABC,contra a vontade dos pelegos do sindicato dos metalúrgicos de SP. Imagens 2: Final do ano de 1978, teatro Ruth Escobar, nosso grupo de jovens está na fila para assistir a peça "A Revista do Henfil"e cantávamos a plenos pulmões: "Adeus AI-5, feliz ano ano, que haja Democracia no ano que vai nascer, muito respeito pro povo, de quem estiver no poder..." Para aqueles jovens, e para mim, o ano de 78, foi o ano do batismo na luta. Daí para frente não paramos mais aquele trabalho de organização nos locais de trabalho e nos bairros da periferia de São Paulo. O movimento cresceu, novas greves, novas lutas, novas formas de organizações populares e muitas histórias de vitórias para contar. Por isso quero estar presente lá na Apeoesp, no dia 30, para reencontrar os velhos primeiros companheiros, meus mestres. Axé!

domingo, outubro 28, 2007

GERALDO FILME: SAUDADES!

Comentários Moisés Basílio: Tive o prazer de ter a presença do Geraldo em três momentos da minha vida. A primeira, pelas lembranças de minha mãe Teresinha, assídua freqüentadora do Paulistano da Glória. A segunda, quando no inicio dos anos 80 trabalhamos juntos no ECAD. A terceira, durante o governo da prefeita Luiza Erundina, quando meu grande amigo Eduardo Victor trabalhava no Anhembi. O Geraldo era a história viva do samba paulista. Nos encontramos pela última vez na praça de São Mateus. Depois da roda de samba que ocorreu na praça, fomos beber e conversar numa padaria sobre a vida, a política e o samba. Ao final, o Geraldo pediu um bonito pão doce e seguiu sua vida. Também segui a minha, já com muita saudades daquele encontro e com a plena consciência da importância desse homem para a história da cultura da nossa cidade. Geraldão, Axé!

Fonte: Jornal "O Estado de São Paulo" - domingo 28/10/2007 - Caderno 2
O cronista negro das terras paulistas

O sambista Geraldo Filme, que faria 80 anos, registrou em composições a história do samba e da cultura africana em São Paulo

Francisco Quinteiro Pires

“Se cair deitado é padre,/ Caiu de pé é sambista”. Geraldo Filme de Souza cantou esses versos em Eu Vou Pra Lá, uma homenagem à escola de samba Paulistano da Glória, fundada por sua mãe, Dona Augusta. Ele falava de sua missão: sabia ter caído de pé. Cronista do samba e da história de São Paulo, devotou a existência ao carnaval e à música, embora tenha gravado um elepê autoral somente quando completou 52 anos. Faria 80 no dia 17 de outubro, se não tivesse morrido em decorrência de uma broncopneumonia, em 5 de janeiro de 1995.

“Eu não troco um bom samba/ Pelo amor de uma mulher”, anuncia na mesma letra. Geraldo Filme contorna a habitual temática sambística, que rima amor e dor, para exercitar forte consciência político-social em suas composições, nas quais preserva a cultura negra paulista e a história dos seus, os mais necessitados. Ele carrega a influência do samba rural, entoado nos cafezais do interior do Estado e cadenciado pelo som grave do bumbo. As culturas caipira e negra se amalgamaram às rodas urbanas de tiririca (uma capoeira sambada) dos “três territórios negros” na São Paulo da primeira metade do século 20 - Barra Funda, Bexiga e Baixada do Glicério, na classificação da professora da Unicamp Olga von Simson e autora de Carnaval em Branco e Negro (Imprensa Oficial, 396 págs., R$ 90).

Nascido em São João da Boa Vista, com cinco anos Geraldo Filme se muda para a Barra Funda. Sua mãe tinha uma pensão que fornece marmitas à vizinhança. Quem as entrega é o filho, que, em vez de se tornar doutor, recebe o “diploma de bamba” por ter estudado na “escola de samba da vida”, como canta em Garoto de Pobre. Nessas andanças, ele observa as rodas formadas por negros ensacadores e carregadores nos armazéns abastecidos pelos trens da São Paulo Railway, no extinto Largo da Banana, região onde hoje se localiza o Memorial da América Latinha. Aos 10 anos, Geraldo Filme compõe Eu Vou Mostrar, uma crítica à afirmação do pai, Seu Sebastião - que tocava violino -, segundo a qual samba de verdade era feito no Rio. “Eu vou mostrar/ Que o povo paulista também sabe sambar (...) Na Barra Funda também tem gente bamba/ Somos paulistas/ E sambamos pra cachorro/ Pra ser sambista não precisa ser do morro.”

O Largo da Banana dá lugar ao progresso, o Viaduto Pacaembu, que elimina em meados dos anos 50 a “alegria” e a “simplicidade”, como está dito na composição Último Sambista. Mas antes as marchas cantadas pelo carnaval da elite - nos corsos -, copiado de Veneza, foram sucedidas pelas músicas dos cordões, que representavam o carnaval feito pelo povo e nos quais Geraldo Filme teve as primeiras experiências carnavalescas. “Os desfiles dos préstitos, posteriores aos entrudos, eram luxuosos, com carros alegóricos, e, neles, a burguesia exibia-se como detentora do poder político”, diz a professora von Simson. E a população se portava como público passivo.

A participação popular teria início com o advento do primeiro cordão paulistano, Grupo Carnavalesco Barra Funda, em 1914. Seu fundador, Dionísio Barboza, acrescenta aos instrumentos percussivos o conjunto choro - cordas e sopro -, à diferença do carnaval no Rio, assentado na percussão dos ranchos. Segundo Osvaldinho da Cuíca, amigo de Geraldo Filme por quase quatro décadas, Dionísio Barboza é o “papa do samba paulista”, pois a partir dele se realiza solidamente o elo entre os sambas rural e urbano na cidade de São Paulo. Barboza freqüentava os festejos de São Bom Jesus, realizados todos os anos em Pirapora, a 54 quilômetros de São Paulo, na primeira quinzena de agosto. Os sambistas se abrigavam sob barracões montados para receber os romeiros vindos de várias localidades do Estado e ali faziam a batucada.

Batuque de Pirapora é um dos registros da influência do samba de bumbo na obra de Geraldo Filme. “Menino preto não sai/ Aqui nesta procissão/ Mamãe mulher decidida/ Ao santo pediu perdão/ Jogou minha asa fora/ Me levou pro barracão”. “Geraldo Filme fala nessa música de preconceito racial, ele usava a munição que tinha, o samba”, diz Osvaldinho da Cuíca. Em Tradições e Festas de Pirapora, ele elabora um retrato sociológico dos festejos.

Os participantes dos cordões da capital, que se consolidam entre os anos 30 e 50, iam a Pirapora participar dos desafios: nas rodas onde cantavam e dançavam, os sambistas intercalam versos improvisados com um estribilho, que dá o mote do duelo.Segundo a professora Olga von Simson, os cordões tiveram a permissão policial para desfilar nas primeiras décadas do século passado, porque se organizaram à maneira de procissões, prática consagrada em festas religiosas desde o século 19, que, a exemplo de Pirapora, permitiam o elemento profano. O mundano e o sagrado convivem lado a lado na história do samba paulista. Olga lembra que nas festas das Igrejas dos Enforcados (Liberdade), da Santa Cruz (Glicério) e da Achiropita (Bexiga) o samba corria solto.

Nos anos 40, a Igreja Católica demole os barracões, preocupada com a magnitude das manifestações profanas. Mas as influências do samba rural permanecem fortalecidas na obra musical do Geraldão da Barra Funda, que nos anos 60 fez fama como compositor na Unidos do Peruche, dentro da qual viu chegar a oficialização do carnaval paulista a mando do prefeito Faria Lima, em 1968.

Os cordões se transformam, então, em escolas de samba. O regulamento copia as práticas carnavalescas do Rio. “A mudança foi abrupta, em quatro anos os cordões desapareceram”, diz a professora von Simson. Em 1975, Geraldo Filme entra na escola de samba Vai-Vai, para a qual compõe o samba-enredo Solano Trindade, Menino do Recife, uma homenagem ao poeta, folclorista e teatrólogo pernambucano, fundador do Teatro Popular Brasileiro, freqüentado pelo sambista paulista ao lado do amigo Osvaldinho da Cuíca, presidente na época da ala de compositores da Vai-Vai.

Na escola de samba, Geraldo Filme cria Silêncio no Bexiga, um dos seus hinos ao lado de Tradição. A música é uma homenagem a Walter Gomes de Oliveira, vulgo Pato N’Água, um dos maiores apitadores - função hoje conhecida como mestre de bateria - do carnaval paulista; um malandro briguento que apitava, de cima do Viaduto do Chá, a escola desfilando no Vale do Anhangabaú.

Silêncio no Bexiga foi composta no dia seguinte à polêmica morte de Pato N’Água: versões falam de crime passional e de execução pelo Esquadrão da Morte, como a defendida por pelo dramaturgo santista Plínio Marcos que registrou no disco Plínio Marcos em Prosa e Samba - Nas Quebradas do Mundaréu (1974, Continental) a história do samba paulista, cantada por Geraldo Filme, ao lado de Zeca da Casa Verde e Toniquinho Batuqueiro. A letra de Silêncio no Bexiga, gravada em Nas Quebradas..., refere-se a um sambista de rua, artista do povo, que não ganha placa de bronze nem fica na história. Geraldo Filme parecia também se referir a si mesmo - o reconhecimento póstumo não está à altura da sua importância cultural para a cidade de São Paulo.

Tanto é que o média-metragem Geraldo Filme, de Carlos Cortez, ganhador do É Tudo Verdade - 3º Festival Internacional de Documentários, em 1998, ambienta as primeiras cenas dentro de uma redação de jornal. Um jornalista em começo de carreira recebe do editor a ordem de entregar um texto sobre o Geraldo Filme para o dia seguinte. Nem ele nem os colegas de trabalho, formadores de opinião, sabem quem é a personalidade, que cantou no disco Canto dos Escravos, ao lado de Clementina de Jesus e Doca (pastora da Portela).

Idealizado por Aluízio Falcão, diretor artístico do selo Eldorado entre 1977 e 1987, depois de uma conversa com Laura de Mello e Souza, Canto dos Escravos (1982) reúne 14 vissungos, cantos responsoriais com palavra em português e em dialeto bantô entoados por escravos no século 18. Eles foram escolhidos por Falcão entre os cerca de 70 cantos registrados em O Negro e o Garimpo de Minas Gerais, livro de Aires da Mata Machado Filho. Na gravação, o acompanhamento é feito apenas por instrumentos percussivos. Dois anos antes, Aluízio Falcão lançara o elepê Geraldo Filme, o primeiro trabalho gravado do sambista da Barra Funda: das 12 músicas, a única que não é de sua autoria é Tristeza de Sambista, de Osvaldo Arouche e Walter Pinto. “Ele foi um sambista autêntico, que se fez sem a influência do rádio e cujas composições são vinculadas à terra, elas têm um caráter telúrico”, diz Aluízio Falcão.

Tão ligado à cultura de seu povo e à sua terra, Geraldo Filme faz um balanço da existência em Reencarnação: “Quero ser sambista/ Ao renascer de novo/ Pra cantar a alegria e desventura do meu povo/ (...) Cantar samba na avenida/ E nascer negro novamente.” Ao dirigir seus versos ao “Criador”, o cronista negro de São Paulo admite nas entrelinhas que viveria tudo mais uma vez, pois tinha a consciência de que, contra a dura realidade, causadora de sofrimentos, podia contrapor um sonho, o da arte em versos de samba.

Literatura de Angola

Comentário Moisés Basílio: Boas notícias literárias. Chegam às livrarias dois livros de escritores angolanos e também a notícia de que os dois virão ao Brasil no próximo mês. Um deles, o Luandino Vieira, já conheço de outros carnavais. Quando seu livro "Luuanda", foi lançado por aqui, nos anos 80, foi um dos motivos de inspiração para o nome que dei para minha primeira filha. Depois, quando fui trabalhar na livraria do Centro Pastoral Vergueiro, tive a oportunidade de divulgar e vender esse livro e outro da literatura africana. Ainda temos pouco contato com a literatura africana em nossa terra, onde metade da população tem suas origens no continente negro. Vamos conferir. Axé!

Fonte: Jornal "O Estado de São Paulo" - Caderno 2 - domingo 28/10/2007.
Vozes libertárias de Angola

Passado e futuro, infância e formação se misturam em livros de Luandino Vieira e Ondjaki, que vêm ao Brasil revelar mistérios literários de seu país

Ubiratan Brasil

A literatura em Angola nasceu antes do país - Alfredo Troni produziu suas primeiras narrativas no século 19 quando a antiga colônia de Portugal só conseguiu sua independência em 1975. Assim, notadamente nos anos 1930 e 40, a escrita angolana se construiu a partir da negação contra o complexo sistema de contradições da sociedade colonizada. Mas o projeto de uma ficção que conferisse ao homem africano o estatuto de soberania surge nos anos 1950, principalmente com José Luandino Vieira e seu A Cidade e a Infância, publicado em 1957 e que ganha agora edição da Companhia das Letras.

São dez histórias que apresentam um espaço social e humano especificamente angolano, ou seja, a representação do mundo subdesenvolvido dos musseques (bairros pobres), onde o autor, embora nascido em Portugal, foi criado. O impacto vem da ruptura da linguagem, da desestruturação do português colonizador para a estruturação de uma nova língua, a oral. Para isso, a memória tem papel fundamental, o que também marca a literatura de outro talento angolano, Ondjaki, representante da nova geração, pós-independência. É o que se observa em Os da Minha Rua, que a Língua Geral lança nesta semana.

Aqui, o autor-personagem revela as descobertas da adolescência somadas às despedidas de tudo o que remete à infância. Fazem parte desse universo assuntos e imagens tão diversas como o primeiro beijo, a parada de 1º de maio, uma piscina de coca-cola e a novela brasileira Roque Santeiro. Luandino Vieira e Ondjaki vêm ao Rio em novembro, quando participam de eventos sobre a literatura de seu jovem e rico país. Sobre essa vinda e o novo lançamento de A Cidade e a Infância, Luandino conversou, por e-mail, com o Estado.

Como insere os contos de A Cidade e a Infância em sua obra? Já estava traçada ali sua intenção literária?

Como aquela pequena semente a partir da qual todo o trabalho literário se iria desenvolver. Os sítios, cenários, locais e as gentes que iriam povoar meu imaginário aí aparecem esboçados. Na verdade, sem grande justeza ou profundidade mas a escolha impôs-se-me: a cidade, a nossa terra de Luanda, sobretudo o espaço dos musseques e suas gentes. Também o que do fundo da infância e da adolescência sempre emergia e continua a emergir. É comum saber que para quase todas as pessoas, e quiçá mais para os que se fazem escritores, a infância é um manancial sem-fim e por toda a vida. Intenção literária não haveria muita. Ou era limitada a conformar minhas intenções de ser escritor como forma de participar no movimento cultural angolano que, naqueles idos de 1950, renascia com pujança político-cultural.

E o que dizer do engajamento e a importância de sua linguagem literária?

Esse engajamento eu o tive como o modo de desnichar e propor a importância da linguagem popular dos musseques de Luanda para a construção de uma linguagem literária. Também como modo de afirmação da nossa diferença cultural, o que me dava legitimidade para exigir o reconhecimento da nossa especificidade cultural com vista à autonomia e autodeterminação políticas. Quanto à sua importância, não me cabe ser juiz dos meus atos e intenções. Penso que, sendo Angola nação relativamente jovem e Estado recente e sem tradição e prática de estudos literários, é cedo para avaliar. Sei, sim, que atuei de consciência e responsabilidade plenas nesse meu trabalho literário, e até como participação na luta por nossa emancipação política do Portugal colonial.

Sua proposta seria apostar na transformação da realidade vivida pelas personagens a partir de sua conscientização e de sua atitude revolucionária?

Creio, ainda hoje, que sim. Procurei na realidade sociopolítica de então aqueles momentos e personagens que pudessem indiciar um grau, por mínimo que fosse, de atitude consciente no sentido da mudança; ou na luta pela mudança; ou nos comportamentos que, aparentemente inócuos, à vista desarmada, tinham já inscritos sinais da rebeldia, da revolta, ou da necessidade da revolução. Se isso serve para transformar a realidade... Ao tempo eu quase acreditava que sim. Minha “crença”, com a experiência, se atenuou. Mas continuo consciente, em última instância, do alto e insubstituível poder da palavra. Por vezes é a esse último grão de resistência que fica preso o destino do homem: o grito, articulação mínima da palavra.

A idéia da tradição ainda é decisiva ou se busca fazer uma recriação contemporânea da tradição?

A idéia da tradição como elemento, suporte ou quadro de nossa identidade cultural coletiva e pessoal, é permanente. Mesmo que inconsciente. O que o escritor pode fazer - é impossível o regresso dos rios às nascentes, e, se regressam, é sob outra forma - é recriar a tradição em novas circunstâncias para novos desafios que, por sua dinâmica, uma cultura coloca cotidianamente. Sobretudo agora que começam a ser mais visíveis os desafios da desenfreada e comercializada globalização cultural...

Qual sua expectativa em relação à vinda ao Brasil? Acompanha a atual literatura brasileira?

Minha expectativa é grande. Não visito o Brasil desde a década de 1980. Leio, ouço, tomo conhecimento das transformações ocorridas nos últimos anos. Quero ver com meus olhos esse país que sempre povoa o imaginário do angolanos em sua presente expressão. Porque, infelizmente, pouco ou nada acompanho da literatura que hoje se faz no Brasil. Mesmo os livros editados em Portugal não estão ao meu alcance. Mas isso é um dos traços comuns na situação do conhecimento e interconhecimento das literaturas em língua portuguesa. E não é da responsabilidade dos escritores. Os escritores escrevem...


Os Escritores

LUANDINO VIEIRA: Pseudônimo de José Vieira Mateus da Graça, nasceu em 1935, em Portugal. Tornou-se cidadão angolano por combater ao lado do MPLA contra o domínio português e por ter contribuído para a criação da República Popular de Angola. Por conta disso, ficou preso entre 1961 e 1972. A reclusão, porém, foi inspiradora - em 1963, lançou o livro de contos Luuanda, narrativas que retratam a dura realidade dos bairros pobres de Luanda, editado no Brasil pela Companhia das Letras. Em 2006, recusou o Prêmio Camões por não se julgar um escritor em atividade.

ONDJAKI: Pseudônimo de Ndalu de Almeida, nasceu em Luanda, em 1977, dois anos depois da independência de Angola. Palavra umbundu, Ondjaki significa “aquele que enfrenta desafios”. Poeta, contista e artista plástico, ele defende um maior contato entre as culturas de língua portuguesa. É autor, entre outras obras, de Bom Dia Camaradas, lançada no Brasil pela Agir, em que recria Luanda a partir de suas memórias afetivas. Dirigiu, ao lado de Kiluanje Liberdade, o filme Oxalá Cresçam Pitangas, dez formas diferentes de viver e interpretar a cidade de Luanda.

'A infância é um abismo sempre delicioso e delicado'

Em Os da Minha Rua, Ondjaki promove um diálogo com Bom Dia Camaradas, livros repletos de saudade de lugares e cheiros

Ubiratan Brasil

Com Os da Minha Rua, Ondjaki confirma que a infância tem a vantagem literária de já vir repleta de carga emotiva. O livro remete aos mesmos temas de Bom Dia Camaradas (Agir), romance lançado em 2003. Sobre tradição e o momento atual da literatura angolana, Ondjaki respondeu, por e-mail, às seguintes questões.

Qual diálogo existente entre Os da Minha Rua e Bom Dia Camaradas?

Existe um diálogo intencional e até intertextual, n’alguns casos. É a mesma voz, a mesma criança, que quer contar estórias mais rápidas mas talvez de uma emoção mais intensa, ou mais profunda. Foram experiências semelhantes, uma vez que ambos livros se baseiam em experiências verídicas, tanto sociais quanto emocionais. Algumas estórias levaram-me a pequenos abismos internos que eu trabalho para aceitar. É também um livro, este, cheio de saudades, de pessoas, de lugares e cheiros. A infância é um abismo sempre delicioso e delicado.

Qual a diferença de realidade entre as crianças da Luanda de hoje e aquelas que viveram na cidade na sua época juvenil?

Eu julgo que as diferenças são gritantes... Toda a ambiência social e política é distinta, a cidade tem milhares de habitantes, e tudo o que foi ternura e cumplicidade, já desapareceu. Luanda é, hoje, uma cidade agreste do ponto de vista das emoções. Vive uma lógica coletiva de índole econômica, onde o dinheiro é a voz mais alta que grita para abafar toda as outras. Luanda é uma guerreira triste que perdeu, talvez, a capacidade até de se emocionar. E as crianças, agora inocentes, vão sentir isso no seu futuro muito próximo. Mas não há razão para dramatizar: é outra cidade, como todas as capitais do mundo evoluíram, a nossa também seguiu o curso que lhe estava destinado.

A influência da cultura exterior (especialmente a brasileira) ainda é muito forte no cotidiano angolano atual?

Sim, sem dúvida. É até mais forte hoje em dia, com a força da televisão, os canais brasileiros que chegam através das parabólicas, a roupa brasileira vinda semanalmente que obedece à lógica e às modas das telenovelas, e a música, esse canal sempre aberto entre os nossos países. Depois também nos chegam outras influências, obviamente. Mas sim, os luandenses são cidadãos atentos às tendências internacionais, não sei se isso é bom ou não.

Ainda no terreno das comparações, que diferenças você vê entre a literatura angolana atual, da qual você faz parte, e a do passado recente, especialmente na prosa de José Luandino Vieira?

São sobretudo diferenças de estilo e de conteúdo. Penso que estas diferenças advêm, naturalmente, de distintos contextos políticos, mundiais e nacionais. Mas também, é preciso não esquecer, deriva da especificidade do estilo de cada um, das suas influências e da apreensão que cada escritor faz tanto das suas vivências quanto das suas leituras. A literatura é, acima do mais, terreno do pessoal, do subjetivo e do interpretativo. A imaginação ou os objetivos literários de cada um. Mas literatura é sensibilidade, é força, é coerência estática. Vamos ver e ouvir o que têm para dizer as novas gerações. É um trabalho árduo, pois nos antecedem escritores de calibre incalculável.

Qual a relação entre política e literatura atualmente em Angola?

Penso que é mais leve. Há muita gente que faz literatura sem se preocupar em fazer política. O “escritor engajado” já não faz tanto sentido, ou está engajado de modo mais discreto ou menos óbvio. E há os outros.

O final da história insinua um certo desencanto. É correto isso?

Não é desencanto, é saudade mesmo. E aí, é preciso não confundir: não é saudade de um espaço social. É saudade da infância, no que esse conceito tem de universal e de emocional. Saudade da pureza, da aventura, também da naturalidade com que fazíamos as coisas, com que atravessávamos os dias, as tardes e os sentimentos. Os cheiros das árvores e dos pescoços suados ao dançar. Saudades das festas mais simples, e do tempo em que a vida das crianças era feita de “dias seguintes”. Agora, há, também, uma despedida interna, pessoalíssima, de uma certa Luanda. As pessoas que partiram, e a minha partida de Luanda, é descrita como um processo doloroso. As despedidas são isso mesmo: algo que se desprende dentro de nós e que leva consigo materiais que haveríamos de precisar para o resto da vida.

Resistência como norte e essência de sua obra

José Luandino Vieira se nutre na tradição oral e em Guimarães Rosa

Rita Chaves

A Cidade e a Infância é o livro de estréia de José Luandino Vieira, cuja primeira edição remonta a 1960, ou seja, 15 anos antes do nascimento do país. Na verdade, esse é um traço constitutivo da Literatura Angolana: ela precede em muitas décadas o Estado, que, de muitos modos, ajudou a fundar. O nascimento do Estado tem uma data, 11 de novembro de 1975, mas a atividade literária inicia-se no século 19, e a, partir de meados dos 40 do século 20, se fortalece a preocupação com a formação da identidade nacional. Na passagem para os anos 60, sacudida também pela vitória sobre o nazismo e o fascismo, a sociedade colonial que insistia em sobreviver, conheceria a contestação de que a literatura trazia fortes sinais.

Essa coletânea de contos é emblemática desse momento, mas não só. Nela Luandino trabalha alguns elementos que, determinantes em sua obra, viriam a integrar as linhas de força da literatura angolana. E, como não é raro na história das literaturas africanas de língua portuguesa, no quadro dessa primeira edição, autor e livro seriam convertidos em peças de um enredo que exprime o clima conturbado que envolvia Angola no fim da ocupação colonial.

Mobilizados pelo desejo de mudança, muitos angolanos viam na agitação cultural uma via de consolidação do sentimento nacional que conduziria à luta de libertação. Na segunda metade da década de 50, Luandino fazia parte de um grupo de jovens que se reunia à noite para conversar; segundo suas palavras: “Geralmente numa mesa de canto da esplanada de um café atrás do Liceu, Café Monte Carlo. E discutíamos tudo, virávamos o mundo do avesso.” Numa dessas sessões, eles decidem investir num programa de edições como ação política. A opção era começar por um livro de poemas do escritor António Cardoso, mas, por razões conjunturais, decidiram abrir a coleção com um caderno de contos de sua autoria. Da gráfica a que foi entregue, entretanto, para as mãos do autor sairiam apenas três exemplares. Quando foi buscar os outros, foi informado que funcionários administrativos e policiais haviam recolhido o livro, as provas e a composição. Inaugurava-se um longo roteiro de tensões entre o escritor e as autoridades coloniais, que culminaria nos oito anos de recolhimento ao Campo de Concentração do Tarrafal, em Cabo Verde. Parte considerável de sua obra foi escrita aí.

Embora A Cidade e a Infância não revele ainda o escritor extraordinário que José Luandino Vieira viria a ser, os dez contos permitem entrever algumas das qualidades que se reforçariam em sua trajetória intelectual e artística. O livro pode ser visto como um momento inaugural da relação que o escritor estabelece com a tradição literária a que se filia, do mesmo modo que traz sinais da proposta de revitalização dessa mesma tradição que será, afinal, dominante em seu trabalho. As pistas vêm do próprio título: a infância será um ponto essencial na configuração do imaginário trabalhado por Luandino, e a cidade de Luanda seria o espaço primordial, espécie de metonímia do país em ebulição, fundida ao itinerário do autor, até mesmo no nome escolhido para si. Tudo isso ganhará destaque, por exemplo, em Luuanda, livro decisivo em seu percurso, reeditado pela Companhia das Letras em 2006.

Como ocorre em Nós, os do Makulusu, um de seus mais fortes romances, em vários contos o universo infantil surge como a projeção de um tempo propício, em que as contradições, agudizadas no presente da enunciação, pareciam muito mais amenas. Ao regressar ao passado, ao “antigamente na vida” (título do livro de 1974), Luandino parece querer recuperar um tempo mítico, gesto que o tema da infância comumente favorece, mas aqui tem lastro em sua experiência histórica. No fim dos anos 50, na então colônia portuguesa, o crescimento da população branca que viera em busca das condições de vida que julgava merecer, provocou um recrudescimento das tensões raciais. A oposição que sob o código colonial marca violentamente as relações humanas ganhou contornos muito fortes, fato que suavizava a imagem do passado. Essa amenização de períodos anteriores associada ao momento da infância, constitui um dos elementos de ligação da obra de Luandino com outros escritores angolanos. Sente-se muito especialmente nesses contos os ecos do poema O Grande Desafio, de António Jacinto, um dos ícones da Geração dos Novos Intelectuais de Angola, cuja atuação foi crucial em sua formação intelectual e literária. O enfoque da infância vai aproximá-lo também de escritores que vieram depois, como é o caso de Manuel Rui, em Quem me Dera Ser Onda, e Ondjaki, em Bom Dia Camaradas e Os da Minha Rua.

O laço tão forte entre texto e contexto, articulado, inclusive, aos dados biográficos que não foram nunca escamoteados, não significou um descompromisso com a dimensão estética. Nas obras que mais fortemente espelham a maturidade do escritor, a preocupação com a fatura literária se desdobra num conjunto de procedimentos que ancoram o seu trabalho no diálogo entre a tradição e a modernidade, um dos pares dilemáticos que estão ainda hoje na base do debate cultural nos países africanos. Na obra de Luandino, essa questão se projeta na evocação da oralidade explicitada, inclusive em seus romances como o já citado Nós, os do Makulusu, em João Vêncio - Os Seus Amores e em O Livro dos Rios, sua mais recente narrativa, parte primeira de uma trilogia prometida pelo autor, que cultivava o silêncio desde os anos 70. Significativamente, ele retorna a um outro passado - os anos da guerrilha, o “antigamente” que os anos duros da atualidade do país vão convertendo numa espécie de idade mítica, o tempo de fecundação da utopia esfacelada que a realidade angolana ostenta. Também significativo é o deslocamento de Luanda para a mata, que funda uma outra geografia em sua obra.

De um modo geral, em Luandino a matriz narrativa emerge da memória de uma experiência que o aproximou do universo popular, do mundo dos excluídos que circulavam pelos musseques luandenses, os bairros populares, áreas povoadas pelas referências das tradições orais, de que as suas narrativas se nutrem. Contrariamente ao que se espera de uma obra claramente identificada com um projeto político, nelas não predominam personagens exemplares, dispostos a qualquer sacrifício pela causa. Os habitantes da periferia estão sob o seu foco, e, na convivência com militantes, afloram trabalhadores injustiçados e pequenos malandros, aqueles marginais que fazem da trapaça a sua hipótese de sobrevivência numa ordem governada pela injustiça. Entre quitandeiras, sapateiros, pescadores, surgem pequenos ladrões, prostitutas, pobres diabos que dão corpo a um tema essencial: a contraposição da resistência popular ao poder sem legitimidade.

A comunhão entre narrador e personagens incide na elaboração da linguagem, uma das marcas de peso da sua literatura. Assim, a noção de resistência supera a esfera do conteúdo e atinge a estrutura da narrativa. A própria utilização da língua portuguesa é determinada pelo ponto de vista do narrador, fenômeno patente tanto em seu discurso quanto na montagem dos diálogos. Em A Cidade e a Infância, o traço fundamental está na presença de palavras das línguas nacionais angolanas, muito especialmente o quimbundo, língua falada na região da capital. Mas, sobretudo a partir de Luuanda, refina-se o processo de nacionalização da língua portuguesa (que nos faz pensar nos ecos do nosso Modernismo na Literatura Angolana) que alcança o terreno da sintaxe, instituindo a ruptura mais funda. As alterações no plano das regências, as elipses e repetições redimensionam a língua portuguesa, favorecendo ainda a evocação da oralidade de que a escrita angolana é tributária.

Ao leitor brasileiro, certamente, os textos do escritor vão lembrar Guimarães Rosa, a despeito de diferenças significativas que outras leituras revelam na concepção de literatura e, sobretudo, na maneira de estar no mundo. Mas não há dúvida de que a aproximação pode ser produtiva. E Luandino não descarta a importância do autor mineiro em seu trabalho:

“Mas, para mim, e no processo já avançado de escrita em que eu estava - as estórias estavam terminadas - a grande lição de Guimarães Rosa foi a da linguagem. Ele vinha confirmar minha intuição. Era claro, com o exemplo dos seus livros, que se a linguagem utilizada não fosse aquela, não alcançaria o que eu queria dizer com aquelas personagens e o que aquelas personagens queriam dizer da sua relação com o mundo. As personagens são definidas com algumas características físicas, mas é sobretudo o nível da linguagem que as define, o modo como articulam o discurso, como manuseiam a língua portuguesa.”

A leitura de Sagarana, que lhe foi permitida na cadeia, onde era proibida a entrada de livros, mostrou-se, portanto, essencial: legitimou a escrita de Luuanda, e selou a formação de escritor que o volume de estréia anuncia. A impressionante produção, que viria na seqüência, evidencia as especiais qualidades do trabalho de um autor muito particular.

Rita Chaves é professora de Literaturas Africanas de Língua Portuguesa na Universidade de São Paulo e pesquisadora associada do Centro de Estudos Afro-Asiáticos, na Universidade Cândido Mendes (RJ). Entre outros títulos, publicou Angola e Moçambique: Experiência
Colonial e Territórios Literários (2005)e A Formação do Romance Angolano (2000). É co-organizadora de Brasil/ África: Como se o Mar Fosse Mentira; Marcas da Diferença - Literaturas Africanas de Língua Portuguesa (2006) e Boaventura Cardoso: A Escrita em Processo